- Busque oportunidades y momentos de inmersión en el idioma de aprendizaje. Por ejemplo:
- al escuchar la radio o la televisión puede repetir las frases del presentador mientras realiza otra tarea. Así mejorará su expresión oral, en particular en cuanto al ritmo y a la entonación.
- escuchando audiolibros, historias a través de Internet o en cassette y cederrón;
- leyendo revistas y periódicos durante unos minutos al día. También puede guardar como ‘página de inicio’ en su ordenador una de esas publicaciones en la lengua que está estudiando… así cada día la encontrará al abrir su navegador de Internet.
- Puede leer historias breves o simplemente un par de páginas de una novela cada noche al acostarse. Recuerde que para disfrutar de un relato basta con comprender los hechos más relevantes y que para ello no es imprescindible conocer todas las palabras del texto.
- Combine sus aficiones con la lengua de aprendizaje: prepare una receta de cocina, navegue en Internet, lea instrucciones sobre cómo montar una maqueta, atrévase con juegos de ordenador, escuche canciones… todo ello en la lengua de aprendizaje. Por ejemplo, con las canciones se puede aprender pronunciación, entonación y vocabulario de forma contextualizada. Las letras de las canciones permiten practicar la comprensión auditiva y la comprensión de lectura de una manera nada artificial y realmente significativa. Al tiempo, las letras le aportan estructuras y vocabulario nuevos.
- Tome notas en la lengua de aprendizaje: escriba una receta, haga la lista de la compra o de los quehaceres para ese día, escriba un diario, etc.
- Trate de contactar y encontrarse con personas que compartan su interés por esa misma lengua de aprendizaje, tanto en situaciones formales como informales: para ir de compras, al banco, para cenar o simplemente para jugar juntos, etc.
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