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Cómo una tarea imposible se hizo realidad: Aprendiendo chino

Siempre soñé con aprender chino, así que un día entré en una tienda para hojear bibliografía y encontré un libro sobre algo que siempre me había fascinado: la caligrafía china. Página tras página iba viendo esos caracteres maravillosos pero a cada cual más complicado: líneas y puntos, ganchos y curvas... Cuanto más me adentraba en el libro más y más complejo resultaba todo, hasta el punto de parecer algo imposible. Todo se nublaba en mi mente y me dije que JAMÁS sería capaz de lograrlo. Cerré de golpe el libro, lo devolví a su estantería y abandoné la tienda.

No obstante, la esperanza es lo último que se pierde. Un año más tarde, ya recuperada del trauma, estaba estudiando chino en el Centro de Educación para Adultos. La cosa resultó, como esperaba, difícil, confusa y desesperadamente complicada; pero me animaba tanto el solo imaginarme diciendo una simple frase en chino. Un cuatrimestre más tarde continuaba mis estudios en la universidad.

Ahora mis estudios son casi una obsesión. Hace tiempo había oído hablar de las ‘tarjetas individuales’, una especie de pequeñas tarjetas cuadradas con un carácter chino escrito por una de las caras y su significado y pronunciación por detrás. ¡Excelente método para aprender los caracteres! Sin embargo la mayor parte de las palabras chinas constan de dos caracteres, a veces de más incluso, de forma que mis tarjetas no servían para aprender nada de vocabulario. De acuerdo, son sólo los bloques de ladrillo de la lengua… pero si estás familiarizado con esos ladrillos ¡puedes aprender a construir palabras!

Las tarjetas me acompañaban a todas partes. En cuanto tenía un minuto libre sacaba una del bolsillo y así practicaba mientras caminaba por la calle, esperaba el autobús o el metro… incluso ¡subido en los remontes de las pistas de esquí!

Tras un cuatrimestre en la Universidad de Estocolmo, de pronto me encontraba en Pekín para profundizar aún más en mis estudios. Era maravilloso encontrase allí -en el Reino Medio- ¡y podía hablar con los chinos!

De acuerdo, decir que por entonces podía "hablar" es algo exagerado. Más bien podía desenvolverme en algunas situaciones básicas, por lo que comprender por vez primera una frase completa fue para mí todo un acontecimiento. Ahora me doy cuenta de que era posible aprender este idioma, pero lograrlo requiere tiempo, energía, paciencia y verdadero interés.

En principio, no hice otra cosa durante este periodo más que estudiar. Iba a clase y hacía todos los deberes, pero además tomaba clases privadas todas las tardes. Dedicaba a ello once horas diarias, desde las seis y media de la mañana hasta las siete de la tarde, descansando tan solo una hora para comer. Después, cada noche, veía la televisión china durante un par de horas. Al final del día me sentía ‘acabado’ en todos los sentidos.

Aprender chino fue un proceso largo y costoso, pero también ilusionante y divertido. Llegar a ser un estudiante de nivel avanzado lleva mucho tiempo, pero en un par de años uno puede adquirir una buena base de chino. Puedo afirmar sin exagerar demasiado que me costó sangre, sudor y lágrimas, pero que valió la pena en todo momento.

Catarina Lilliehöök

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Esta estudiante se sintió atraída por el chino porque le encantaba su caligrafía, lo cual podría sugerirnos que se trata de una ‘estudiante visual’. ¿Le gustaría analizar cuál es su estilo de aprendizaje preferido?

Este texto ha sido redactado especialmente para Lingu@net World Wide y publicado con el permiso de Catarina Lilliehöök, autora del mismo. Catarina es autora también de un libro sobre la lengua china y las diferencias culturales, y de otro en sueco sobre la propia China.

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